La otra Julia
Para aquellos que cargan el dolor de estar lejos de la patria
Tengo a Julia atravesada. Acabo de terminar de leer la novela La otra Julia de Mayra Santos-Febres y estoy sobrellevando una tremenda resaca literaria, o como dicen en los nuyores y en los mayamis, el terrible “book hangover.” Tenía previsto publicar otro escrito sobre mi búsqueda de cultivar una vida intelectual en el lugar donde estoy, pero se me abrió la herida de la Isla-Archipiélago de nuevo.
Una vive desmembrada de este lado del Atlántico y cuando me supura la herida de la pertenencia, busco la cercanía a través de las palabras de autoras y autores puertorriqueños. Siempre termino metida en los libros, construyéndome un hogar móvil en el interior, mientras espero la fecha de retorno a casa. Así que, a mitad del mes de abril, regresé a dos lecturas que había comenzado el año pasado, pero que no terminé: Puerto Rico: A National History, de Jorell A. Meléndez-Badillo, y La otra Julia, de Mayra Santos-Febres.
Terminé el primero hace quizás una semana y media. No me quedaban sino unos pocos capítulos. El segundo lo terminé anoche (1ro de mayo)… alegadamente. Digo “alegadamente” porque creo que Julia no ha terminado conmigo.

He tenido una cuestión con la Poeta que se intensificó hace unos cinco años. Esto del desmembramiento y el desplazamiento que es la migración habita en muchos lados, incluyendo la boca del estómago. Ahí viven muchas de mis ansiedades. Y en el verano del 2021, a la sombra del terrible aislamiento que hasta ese momento había representado la pandemia, regresé a Puerto Rico de visita con los pesares internos a cuesta.
Mami y yo hicimos nuestras liturgias: ir al Viejo San Juan –mi ciudad favorita–, visitar la Librería Laberinto en la calle de la Cruz, comprar libros, caminar por las calles adoquinadas, mirar al mar. Allí sentía a la madre Isla místicamente tirando de mis pies mientras caminaba por las aceras, enraizándolos, conectando lo que había sido desmembrado en mí. Había comenzado.



Al día siguiente fuimos a la Galería de los Gigantes en el pueblo de Carolina. Ocho exhibiciones educativas viven allí, incluyendo una dedicada a Julia de Burgos — poeta, educadora, periodista, nacionalista, mujer-mito. En la tiendita del museo estaban vendiendo la biografía titulada Yo misma fui mi ruta: La maravillosa vida de Julia de Burgos, la cual el municipio le comisionó a la escritora Mayra Santos-Febres como parte de las celebraciones del centenario de la Poeta en el 2014. Ese libro significó una puerta. Desde entonces, vivo encontrándome con Julia en momentos particulares porque como escribe Mayra,
La vida de Julia fue y sigue siendo la vida de todos y de todas nosotras, hijas de las parcelas; de las barriadas; de urbanizaciones de clase trabajadora llenas de gente que escapa de los campos hacia las ciudades, de las costas hacia el Norte, buscando una mejor vida que siempre queda allá, lejos… (La otra Julia, p. 361).
Pero que profundamente anhelamos que sea aquí, cerca, en la Isla-Archipiélago.


